lunes, 10 de mayo de 2010

Beneficios de los masajes a los bebés

   Cuando un recién nacido llora, quizá se calme al hablarle cariñosamente, sin tomarlo en brazos, y es posible también que se tranquilice meciendo su cunita. Pero hay algo que nunca falla: las manos de papá o mamá. Acariciarle las sienes, las mejillas; darle palmaditas en la colita o un suave masaje en los pies apacigua al bebé que más llora. ¿Cuál es el misterio?

No hay tal misterio. El tacto es el medio más inmediato e importante para comunicarse con el bebé. Los diminutos receptores de su piel captan cada roce y envían el correspondiente estímulo al cerebro. Al acariciar su cuerpo, los padres entablan con su hijo la más amorosa de las conversaciones: estamos aquí, relájate, te queremos.

Estimula la circulación. Primero se masajean los deditos, flexionándolos y friccionándilos uno a uno. Después se realizan rozamientos suaves, con ambas manos, en el antebrazo, brazo y hombro. Avanzar en dirección al corazón estimula la irrigación sanguínea.

Practicarlo a diario lo ayuda a dormir. Con ambos pulgares, se presionan los párpados con suma delicadeza. Después se encierran los ojos en círculos amplios, con los dedos corazón, y se dibujan ochos alrededor de las sienes.

Calma los cólicos del lactante. Masajear su barriguita con las dos manos, describiendo círculos, lo ayuda a expulsar los gases acumulados a última hora de la tarde. Hay que liberarlo antes del pañal y seguir siempre el sentido de las agujas del reloj, ya que el intestino discurre precisamente en esta misma dirección.

Potencia la motricidad. Primero se friccionan pies, pantorrillas (sin llegar a las corvas; son muy sensibles) y muslos. Al llegar a la colita, se hace en rotación.
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