lunes, 30 de agosto de 2010

La prueba de Monitorización fetal

  


La monitorización fetal es una prueba que adquiere especial importancia durante el último mes del embarazo, con ella los especialistas pueden determinar a través de un cardiotocógrafo, la frecuencia cardíaca del feto, las alteraciones del flujo sanguíneo, la vitalidad fetal, las contracciones o la presión intrauterina. En esta prueba el feto debe estar despierto y si se duerme se intenta despertar mediante la ingesta de algo dulce, a través de movimientos realizados en el abdomen por la matrona o en su defecto, será necesario esperar a que vuelva a estar activo.

Existen dos tipos de monitorización fetal, el primer tipo es la monitorización fetal externa, los especialistas determinan la frecuencia cardíaca fetal mediante unos sensores ubicados en un cinturón que se colocan sobre el vientre de la futura mamá mientras está acostada. La monitorización fetal interna es el segundo tipo de monitorización, se colocan en la cabeza del bebé unos electrodos a través del cuello uterino con el mismo fin que en la monitorización externa.

Con respecto a la monitorización fetal interna, los inconvenientes que encierra esta prueba son la necesidad de romper las membranas, algo que está asociado al aumento del riesgo de posibles infecciones. También se debe destacar el modo en el que el dispositivo se coloca, si es de manera forzada se podría provocar una lesión en la pared uterina o en el feto. Por otro lado, los especialistas indican que con esta prueba los datos recabados son más precisos, el tono basal (presión intrauterina del útero en reposo), la intensidad de las contracciones y la duración, etc.

En la monitorización fetal externa, las ventajas a destacar principalmente, es que se trata de una prueba no invasiva, cómoda e igualmente ofrece un registro de la frecuencia y la duración de las contracciones de forma continuada. Sin embargo, los especialistas destacan como desventajas de la monitorización externa una incapacidad para determinar la intensidad de las contracciones con precisión, los continuos cambios de posición que debe realizar la futura mamá para recoger los datos, o la pérdida de información que se produce entre cada contracción.

En las últimas semanas del embarazo, la monitorización se realiza semanalmente, pero cuando se rebasan las 40 semanas de gestación, la prueba se suele realizar cada tres días hasta que llegue el momento del parto, aunque esto puede variar dependiendo de los datos que se hayan recogido anteriormente en los que se muestra el estado del futuro bebé y de la madre. La monitorización fetal es una prueba que dura unos 30 minutos aproximadamente y no encierra complicación alguna, al menos en el caso de la monitorización fetal externa.

Tras finalizar la prueba, los especialistas interpretan los datos a través de la gráfica y valoran si existe cualquier problema como puede ser el sufrimiento fetal u otras anomalías. Un ritmo cardíaco del bebé situado por debajo de las 120 pulsaciones por minuto o superando las 160 pulsaciones por minuto determinarían posibles complicaciones, en este caso se realizarían pruebas complementarias.

Más información | La Verdad
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